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viernes, 13 de noviembre de 2015

CUENTO PARA NARRAR A LOS NIÑOS!!!

CUENTO "UNA LUNA JUNTO A LA LAGUNA"
 DE ADELA BASCH
PARA QUE LO DISFRUTEN MUCHO CON LOS NIÑOS!!!!


CUENTO PARA NARRAR A LOS ALUMNOS. SE LOS RECOMIENDO, DA UNA SENSACIÓN DE RISA Y ALEGRÍA A LOS NIÑOS AL CONTARLO...

CUENTO DE LA PAPA: LA HISTORIA DE UNA PAPA.



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Había una vez un abuelo que plantó una papa chiquita y le dijo:
“Crece, crece, papita, crece, fuerte y gordita!” Todos los días pasaba por donde la había plantado y miraba…miraba… hasta que un día… la papa creció!!!
Creció fuerte y gorda. ¡Gordísima!Un día, el abuelo  fue a arrancarla. Se acomodó el pantalón y subió  las mangas de la camisa.  Tiró de la papa, tiró de la papa, tiró de la papa, pero la papa, no salió!!!
Entonces llamó a la abuela.
La abuela tiró de la cintura del abuelo . El abuelo tiró de la papa, tiró de la papa, tiró de la papa pero la papa, no salió!!! De modo que la abuela llamó a la nieta.
La nieta tiró de la abuela, la vieja tiró del abuelo, el abuelo tiró de la papa, tiró de la papa pero la papa,tiró de la papa, no salió!!!  Y tiraron y tiraron una y otra vez, pero no pudieron arrancarla. Entonces la nieta llamó al perro negro.
El perro negro tiró de la nieta, la nieta tiró de la abuela, la abuela tiró del abuelo, el abuelo tiró de la papa, tiró de la papa, tiró de la papa pero la papa, no salió!!!. Y tiraron y tiraron una y otra vez, pero no pudieron arrancarla.
Entonces el perro negro llamó al gato blanco.
El gato blanco tiró del perro negro, el perro negro tiró de la nieta, la nieta tiró de la abuela, la abuela tiró del abuelo, el abuelo tiró de la papa, tiró de la papa, tiró de la papa, tiró de la papa pero la papa, no salió!!!. Y tiraron y tiraron una y otra vez, pero no pudieron arrancarla.
Entonces el gato blanco llamó al ratoncito.
El ratoncito tiró del gato blanco, el gato blanco tiró del perro negro, el perro negro tiró de la nieta, la nieta tiró de la abuela, la abuela tiró del abuelo, el abuelo tiró de la papa. Y tiraron y tiraron, con todas sus fuerzas, hasta que por fin: ¡arrancaron la papa! Pero…
¡Púmbate! El abuelo cayó sobre la abuela, y la abuela cayó sobre la nieta, y la nieta sobre el perro, y el perro sobre el gato, y el gato sobre el ratón. Y sobre todos ellos… ¡cayó la papa!
Pero no se asusten: ninguno se lastimó.
¡Y qué maravilla era aquella papa!  Era la papa más grande que habían visto. El abuelo la llevó a la mesada puff!! que pesada!! y la abuela la peló!! puff!!! que cansada!! Alcanzó para darle de comer a todo el barrio… Más tarde hicieron una rica comida.(la que cada uno soñaba…)
Y hubo suficiente para el abuelo, para la abuela, para la nieta, para el perro, para el gato y para el ratón…
¡y aún sobró un poquito para mí, que les conté el cuento!

miércoles, 3 de junio de 2015

Cuento de María Elena Walsh

CUENTO "MARTÍN PESCADOR Y EL DELFÍN DOMADOR" de María Elena Walsh





¡¡¡Te propongo disfrutar de este hermoso cuento escrito y narrado por María Elena Walsh!!!

miércoles, 27 de mayo de 2015

Cuento para trabajar en geometría

"El país de la geometría"





Había una vez un amplio país blanco de papel. El Rey de este país era el Compás. ¿Por qué no?
El Compás. Aquí viene caminando con sus dos patitas flacas: una pincha y la otra no.





Jo jo jo jo jo, una pincha y la otra no.

El Rey Compás vivía en un gran palacio de cartulina en forma de icosaedro, con dieciocho ventanitas. Cualquiera de nosotros estaría contento en un palacio así, pero el Rey Compás no. Estaba siempre triste y preocupado.
Porque para ser feliz y rey completo le faltaba encontrar a la famosa Flor Redonda.

Jo jo jo jo jo, sin la Flor Redonda no.

El Rey Compás tenía un poderoso ejército de Rombos, una guardia de vistosos Triángulos, un escuadrón policial de forzudos Trapecios, un sindicato de elegantes Líneas Rectas, pero... le faltaba lo principal: ser dueño de la famosa Flor Redonda.










El Rey había plantado dos Verticales Paralelas en el patio, que le servían de atalaya. Las Paralelas crecían, crecían, crecían... Muchas veces el Rey trepaba a ellas para otear el horizonte y ver si alguien le traía la Flor, pero no.
Había mandado cientos de expediciones en su búsqueda y nadie había podido encontrarla.
Un día el Capitán de los Rombos le preguntó:
–¿Y para que sirve esa flor, señor Rey?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor!
El Capitán Rombo, con miedo de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por el marco de la puerta.
Otro día el Comandante de los Triángulos le preguntó:
–Hemos recorrido todos los ángulos de la comarca sin encontrarla, señor Rey. Casi creemos que no existe. ¿Puedo preguntarle para qué sirve esa flor?
–¡Tonto, retonto! –tronó el Rey–. ¡Solamente los tontos retontos preguntan para qué sirve una flor! El Comandante de los Triángulos, temeroso de que el Rey lo pinchara, salió despacito y de perfil por una de las dieciocho ventanas del palacio.
Otra tarde la Secretaria del sindicato de Líneas Rectas se presentó ante el Rey y tuvo la imprudencia de decirle:
–¿No le gustaría conseguir otra cosa más útil, señor Rey? Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve una flor?
–¡Tonta, retonta! –tronó el Rey–. ¡Solamente las tontas retontas preguntan para qué sirve una flor! La pobre señorita Línea, temerosa de que el Rey la pinchara, se escurrió por un agujerito del piso.
Poco después llegaron los Trapecios, maltrechos y melancólicos después de una larga expedición.
–¿Y? ¿Encontraron a la Flor Redonda? –les preguntó el Rey, impaciente.
–Ni rastros, Majestad.
–¿Y qué diablos encontraron?
–Cubitos de hielo, tres dados, una regla y una cajita.


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–¡Harrrto! ¡Estoy harrrto de ángulos y rectas y puntos! ¡Sois todos unos cuadrados! (Este insulto ofendió mucho a los Trapecios).
¡Estoy harrrto y amarrrgado! ¡Quiero encontrar a la famosa Flor Redonda!
Y todos tuvieron que corear la canción que ya era el himno de la comarca:

Sin la flor redonda no. Jo jo jo jo jo.

Los súbditos del Rey, para distraerlo, decidieron organizar un partido de fútbol. Las tribunas estaban llenas de Puntos alborotados. Los Rombos desafiaban a los Triángulos.
En fin, ganaron los Triángulos por 1 a 0 (mérito singular si se tiene en cuenta que la pelota era un cubo). El Capitán de los Rombos fue a llorar su derrota en un rincón.
El Comandante de los Triángulos, cansado y victorioso, se acercó al Rey:
–¿Y? ¿Le gustó el partido, Majestad?
–¡Bah, bah!... –dijo el Rey, distraído, siempre con su idea fija–. No perdamos tiempo con partidos; mañana salimos todos de expedición.
–¿Mañana? Pero estamos muy cansados, señor Rey. El partido duró siete horas; usted no sabe cómo cansa jugar con una pelota en forma de cubo. –Tonto, retonto, mañana partimos.
A la mañana tempranito el Rey pasó revista a sus tropas. Había decidido salir él mismo a la cabeza de la expedición. Rombos, Cuadrados, Triángulos, Trapecios y Líneas Rectas formaban fila, muertos de sueño y escoltados por unos cuantos Puntos enrolados como voluntarios.
Allá se van todos, en busca de la famosa, misteriosa y caprichosa Flor Redonda.
La expedición del Rey Compás atravesó páginas y cuadernos desolados, ríos de tinta china, espesas selvas de viruta de lápiz, cordilleras de gomas de borrar, buscando, siempre buscando a la dichosa flor.

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Registraron todos los ángulos, todos los rincones, todos los vericuetos, bajo el viento, la lluvia, el granizo y la resolana.
–Me doy por vencido –dijo por fin el Rey. Quizás ustedes tenían razón y la dichosa Flor Redonda no exista. Quizá no eran tan retontos como yo pensaba. Volvamos a casita.
Cuando volvieron, el Rey se encerró en su cuarto, espantosamente triste y amargado.
Al rato entró la señora Línea a llevarle la sopita de tiza y se preocupó mucho al verlo tan triste. –Señor Rey –le dijo para consolarlo–, ¿no sabe usted que siempre es mejor cantar y bailar que amargarse?
Cuando la señorita Línea se hubo deslizado por debajo de la puerta, el Rey, que no era sordo a los consejos, dijo:
–Y bueno, probemos: la la la la... Y cantó y bailó un poquito.
Bailando, bailando, bailando, descubrió sorprendido que había dibujado una hermosa Flor Redonda sobre el piso de su cuarto. Y siguió bailando hasta dibujar flores y más flores redondas que pronto se convirtieron en un jardín.

Jo jo jo jo jo, y la Flor la dibujó.


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María Elena walsh